“¿Y si con motivo del Carnaval, nos quitamos las máscaras y nos disfrazamos por una vez de lo que realmente somos?”

Hoy reflexionamos sobre la inmensa cantidad de veces en los que hacemos uso de máscaras en nuestra vida. Las máscaras y caretas, nos permiten transformarnos en alguien con características deseables socialmente, con las que evitamos que se identifiquen nuestras debilidades o ser dañados.

Cada uno de nosotros interpreta un papel, un rol o distintos roles en nuestro día a día. Este fenómeno ha sido definido por la psicología social como rol o papel social.

Las caretas sociales, por ejemplo, nos permiten enfrentarnos interpretar los roles deseados en situaciones concretas de nuestra vida. No actuamos del mismo modo frente a nuestro jefe que ante a nuestros clientes, con los profesores de nuestros hijos, o en una reunión familiar. Sí, efectivamente, somos la misma persona en todas esas situaciones pero en función del ambiente en el que nos encontramos, nuestra forma de actuar cambia: el tono de voz, la expresión facial, la forma de moverte e incluso el lenguaje. Todo ello es parte de nuestra máscara social.

El sociólogo y escritor Erving Goffman en su obra “la presentación en la vida cotidiana” habla de cómo representamos papeles ante escenarios y para audiencias concretas. Se trata de un juego en el que nos ponemos la máscara idónea para alcanzar nuestro objetivo, lo cual requiere un complicado control de las actuaciones. Todos somos al mismo tiempo actores y audiencia, en unas ocasiones construimos una actuación, en otras evaluamos la de los demás.

¿Has reconocido ya alguna de esas escenas personales?

¿El personaje que has construido dista mucho de tu autoconcepto, es decir, de lo que realmente eres?

Si es así, cuidado.

Varias teorías explican que alejarnos de nuestro propio “yo” de forma continuada propicia la aparición de ansiedad y frustración. Tal y como hemos mencionado, la máscara es utilizada como un mecanismo de defensa que nos permite entre otras cosas fingir, atraer a personas, ser aceptados tal y como deseamos.

Sin embargo, con estas máscaras no se pueden satisfacer nuestras necesidades más internas. Cuando la máscara que llevamos no se corresponde con nuestra verdadera identidad difícilmente podemos gestionar nuestros propios sentimientos, actos o pensamientos.

Además, las máscaras son frágiles y por ello, en ocasiones, principalmente en las impredecibles, estresantes o inesperadas fallan a través de conductas inconscientes, tales como nuestro lenguaje no verbal, siendo el resultado más común un sufrimiento en el que nuestra identidad se tambalea.

¿Has decidido deshacerte de alguna de las máscaras que has llevado hasta ahora?

En Garatu te acompañamos en el camino de autoconocimiento , aceptación y libertad.

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